Dra. Alia Esquivel Salmán - Psicóloga


 


 

 

 

Ante un evento suicida, consumado o frustrado, tanto los familiares

como la pareja y el sobreviviente, quedan con un severo daño psicológico.

 

 

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El acto de quitarse la vida tiene significados distintos.

Dependiendo del contexto, el hecho de provocarse la muerte puede

representar un pecado, un delito, una solución a los problemas, un acto

heroico, una forma honorable de morir, un acto cobarde o un sinónimo de impotencia.

 

Sin embargo, solo se considera suicidio cuando el motivo es morir sin más.

Por ello, los hombres bomba y los mártires no se consideran suicidas,

dado que actúan en nombre de una creencia.

 

Tampoco son suicidas los que se sacrifican por otros en casos

de emergencia, ni los soldados que mueren en una guerra, ni cuando la

muerte es causada por una sobredosis accidental de drogas o medicamentos.

 

Las señales suicidas que requieren de una atención psicológica inmediata son:

la ideación suicida, la tentativa, el suicidio frustrado y los suicidios parciales.

 

La ideación suicida significa tener pensamientos de muerte.

La tentativa o gesto suicida, se caracteriza por la impulsividad

y el uso de métodos letales, sin fines reales de quitarse la vida.

 

En un caso así, no existe la voluntad de morir, más bien es una

forma de pedir ayuda o un intento para lograr un beneficio secundario.

 

El suicidio frustrado es haber intentado quitarse la vida y no haberlo logrado.

El suicidio parcial representa las automutilaciones o la sitofobia (no comer).

 

En otros casos, las personas pueden tener ideas suicidas y no lo han

manifestado ni se lo han contado a nadie. Se entregan al alcoholismo y a las

toxicomanías, practican conductas de alto riesgo, quizás aleatorias (ordalías), que

consisten en actos casi suicidas que dependen de la suerte. Otros se arriesgan por

medio de la conducción temeraria de vehículos motorizados.

En otras circunstancias, el suicidio puede ser inducido por un trastorno mental,

siendo principalmente la enfermedad lo que provoca el suicidio y no la lógica del individuo.

 

Las características de personalidad juegan un papel importante en el comportamiento

suicida. Se ha comprobado, que la gente con tendencias suicidas, tiene dificultades para

resolver problemas, su pensamiento es dicotómico (todo o nada) y son poco flexibles.

 

Exhiben un bajo umbral para el dolor, tienen una red social limitada

y experimentan un estrés intenso constantemente.

 

Bajo esta perspectiva, el comportamiento suicida es visto como un

comportamiento aprendido, enfocado a la resolución de problemas y empleado

cuando el individuo siente que no tiene otra opción.

 

Los factores de riesgo que se observan en la conducta suicida son:

enfermedades mentales, aislamiento, agresividad, impulsividad, un comportamiento

suicida familiar, un intento suicida previo, la ruina financiera y las adicciones.

 

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Psicoterapia

 

La psicoterapia ayuda a distinguir a los pacientes que presentan pensamientos

suicidas, de aquellos cuyas tentativas no representan un peligro real.

 

Dependiendo del caso, podemos utilizar la terapia psicoanalítica, el modelo

cognitivo conductual, o bien un enfoque familiar sistémico.

 

La psicoterapia individual se orienta a que el paciente reconozca

los eventos que lo impulsan a practicar esta conducta y, sobre todo, 

a que aprenda a utilizar nuevas estrategias para solucionar problemas.

 

La familia del paciente también requiere de un acompañamiento terapéutico,

además de que es fundamental su apoyo para la toma de acciones preventivas

que se determinen durante el proceso terapéutico.

 

 

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© 2017 Dra. Alia Esquivel Salmán - Psicóloga

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